Me volví adicta a mi paz.
A no estar en todos los lugares, ni participar en todas las conversaciones. A dejar de interesarme por la vida ajena y enfocarme en la mía. A poner límites sin culpa, alejarme de quien me roba tranquilidad y bloquear lo que no suma. Hoy cuido mi tiempo, mi energía y mi paz. Porque entendí que no todo merece mi atención. Angie Salcido